El fallo judicial impedirá a la líder de extrema derecha presentarse a las próximas elecciones
El ex presidente despidió este sábado a su mujer, Marisa Letícia Rocco, en un funeral en la sede del Sindicato de los Metalúrgicos, donde se conocieron hace cuatro décadas, acompañado de cientos de ciudadanos y la plana mayor de la izquierda brasileña. Allí, afirmó que su esposa «murió triste por los canallas, la imbecilidad y las maldades que le hicieron», en referencia a su imputación en la causa del petrolao.
«Tengo 71 años y voy a vivir mucho, espero, y quiero lograr que los matones que dijeron liviandades de Marisa tengan la humildad de pedirle disculpas», afirmó el ex sindicalista y líder del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), en la sala fúnebre del sindicato metalúrgico del ABC, en la región industrial de San Pablo.
En un sentido discurso, además, Lula manifestó: «Si alguien tiene miedo de ir preso, quiero decir que éste que está enterrando a su mujer no es. No soy yo quien tiene que probar que soy inocente: son ellos que tienen que probar las mentiras que dicen. Querida Marisa, descansa en paz porque tu «Lulita paz y amor» va a continuar peleando mucho».
El ex presidente remarcó también que él había elegido el vestido que su mujer llevó en la ceremonia fúnebre, «rojo para mostrar que no tenemos miedo del rojo ni vivos ni muertos». El rojo es el color que identifica al PT.
Después de terminar su discurso, Lula irrumpió en llanto, besó a su mujer en la frente y fue aplaudido por la multitud que se hizo presente en la ceremonia.
Marisa Letícia Rocco murió ayer en Sao Paulo como consecuencia de un derrame cerebral que sufrió días atrás. Desde 1974, estaba casada con Lula, a quien conoció en el sindicato metalúrgico paulista. La pareja tuvo tres hijos juntos, y ambos tenían un hijo de relaciones anteriores.
Desde que comenzó la investigación conocida como Lava Jato, la imagen de Marisa Letícia había resultado afectada por las investigaciones de corrupción política en torno a la petrolera estatal Petrobras, en las que su esposo es uno de los acusados.
La ex primera dama estaba imputada junto con Lula de corrupción pasiva y lavado de dinero. Entre otros cargos, la Justicia considera que la pareja aceptó de una empresa un apartamento renovado en el litoral de Sao Paulo a cambio de un trato de favor para la compañía en sus negocios con Petrobras.
Lula debe ir pronto a juicio como acusado de Lava Jato. Pese a ello, el ex presidente, una de las grandes figuras políticas de Brasil, ha sugerido recientemente en varias ocasiones que podría presentarse a las elecciones de 2018.
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